La Leyenda del Gitanito
Es de las más comentadas por todos, la misma se asienta en un hecho que dicen fue cierto. Según pudo investigar La Ciudad, habría ocurrido un 12 de diciembre de 1963, exactamente dos meses después que asumiera su mandato el Presidente Municipal, Escribano Paz Carrera.Cuentan que el Puerto de Diamante, era un lugar de paseo habitual, al que llegaban, muchísimos barcos de pasajeros y trenes de carga.
Por lo tanto la concurrencia era muy nutrida en aquellas ocasiones y el lugar se vestía de fiesta y de colores, luciendo los mejores atuendos del momento.
Otro detalle de aquel Diamante, era muy común ver en los grandes baldíos de esa época, cerca del actual predio del Club Atlético, algunas grandes carpas de Gitanos, que también tenían su propia cultura muy distinta a la nuestra.
En primer lugar, eran nómades y andaban de pueblo en pueblo y eran varias familias muy unidas. Por las calles diamantinas se destacaban las mujeres con sus polleras largas con colores vivos, pañuelos a la cabeza y cabellos negros muy largos ofreciendo adivinar la suerte.
A decir verdad, no tenían muy buena reputación en el pueblo y se decía de ellas que mentían, robaban y otras tantas cosas que no las favorecían.
El hecho central sucedió en una de esas jornadas de mucha gente en las inmediaciones del Puerto Nuevo, como se lo denominaba, para distinguirlo del conocido Puerto Viejo, que esta en la costa más al sur, cerquita de Punta Gorda. Hay quienes afirman que el hecho ocurrió exactamente donde se encuentra la guardería de lanchas, próximo al Círculo Náutico.
Donde unas cuantas gitanas con sus hijitos merodeaban en medio de mucha gente, la Costanera. En un descuido de una gitana, uno de los niños gitanitos, Emilio Saba de 16 años de edad, se desprende de la mano de su madre y se arrima peligrosamente a la barranca del Río Paraná, con tanta mala suerte, que tropieza y cae a las profundas aguas del río.
De inmediato las gitanas comienzan a pedir ayuda a los gritos para salvar al pequeño accidentado. Pero, no obstante haber muchos hombres y jóvenes que seguramente podrían arrojarse y tal vez salvar a la criatura, nadie lo hizo y pasó lo peor.
Cuando finalmente el Personal de la Prefectura pudo extraer ese cuerpito sin vida, las Gitanas proferían todo tipo de insultos a todos los presentes por no haber ayudado al chico. Y culpando a los diamantinos por el deceso de aquel gitanillo, una de las viejas gitanas profirió con bronca esta maldición que perdura aún como una espada en el alma de Diamante: “Que Diamante nunca tenga progreso y siempre le vaya mal”. El nicho del gitanito se encuentra en el Cementerio de nuestra ciudad, el mismo es muy venerado por mucha gente, siempre esta cargado de coloridas flores y mensajes.
Fuente: David Herbel




